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Alfaro

Alfaro

Un pueblo riojano con carácter propio

Alfaro reúne en un mismo espacio patrimonio histórico, biodiversidad y un calendario festivo que se mantiene activo durante todo el año.

Situada en el extremo oriental de La Rioja, en el valle del Ebro, la ciudad combina legado romano, arquitectura barroca en ladrillo y una cultura agrícola que sigue definiendo su identidad.

Aquí el patrimonio, el paisaje y la vida local conviven de forma natural.

Historia que deja huella

Alfaro fue Graccurris, ciudad romana fundada en el año 179 a.C. por Tiberio Sempronio Graco.

Hoy ese legado puede visitarse en el yacimiento de las Eras de San Martín y en el singular Ninfeo Romano, una fuente monumental única en la península.

Siglos después, el barroco dejó su huella en la Colegiata de San Miguel, la iglesia más grande de La Rioja y uno de los edificios más representativos del valle del Ebro. Sobre su cubierta se asienta una de las mayores colonias urbanas de cigüeña blanca sobre un mismo edificio histórico en Europa.

La historia forma parte del paisaje urbano.

Tradiciones que marcan el calendario

En Alfaro, las fiestas no son un evento puntual: forman parte de su identidad.

Naturaleza en estado vivo

El valle del Ebro configura un entorno natural diverso que incluye la Reserva Natural de los Sotos del Ebro, el Carrizal de Cofín y zonas esteparias de alto valor ambiental.

Con más de 230 especies catalogadas, Alfaro es un referente del turismo ornitológico en el norte peninsular.

La presencia constante de cigüeñas refuerza la conexión entre patrimonio y naturaleza.

Tierra de vino y producto

Alfaro forma parte de la Ruta del Vino Rioja Oriental, integrada en la Denominación de Origen Calificada Rioja.

Los viñedos se extienden en las faldas del Monte Yerga, mientras que la fertilidad del valle ha impulsado una tradición hortícola que se refleja en la gastronomía local y en celebraciones como las Jornadas de la Verdura.

Vino, huerta y territorio conforman una misma cultura.

Un destino que se vive sin prisas

Alfaro no necesita grandes artificios.

Su fuerza está en la combinación de historia milenaria, tradición viva, naturaleza singular y carácter propio.